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UN GALAICUM DE LA TRIBU ARTABRORUM

"La naturaleza nunca hace nada sin motivo"

JORGE MIGUEL GAGO CHAO

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Creador de histoias basadas en experiencias acumuladas de diferentes personajes de la vida cotidiana en este mundo loco que nosacecha en todo momento y nos amenaza con destruir nuestros sueños sino somos capaces de tenerlos presentes, por eso yo escribo, para no olvidarme nunca de mis sueños.
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May 20

LA REPRESIÓN OBRERA DEL SETENTA Y DOS

Después de unas importantes asambleas clandestinas, los vocales jurados que representaban los intereses de los trabajadores fueron suspendidos de empleo y sueldo. Se enteraron en las primeras horas de la mañana del día nueve de marzo de mil novecientos setenta y dos. La noticia corrió como la pólvora por el entorno del astillero, y en solidaridad con sus compañeros se concentraron en las gradas cientos de trabajadores. De allí fueron a la explanada donde se encontraban las oficinas de la dirección de la empresa y escucharon las palabras del director, que no logró convencerlos. En ese lugar permanecieron sin retornar a su puesto de trabajo hasta bien entrada la tarde. El requerimiento de las autoridades para que abandonasen la empresa no fue suficiente para disolverlos. Eran las tres y media de la tarde y las fuerzas de seguridad tomaron la empresa. Había varias grilleras dentro del astillero, y sobre las cinco y cuarto de ellas se bajaron numerosos policías cargados con sus porras y demás utensilios de fuerza, no dudaron en cargar contra los indefensos trabajadores. A la salida del astillero les esperaba otro buen número de efectivos policiales que los acorralaron, repartieron palos de lo lindo a diestro y siniestro. Varias pelotas de goma rompieron cristales de algunas casas particulares del barrio de esteiro. Los botes de humo y los porrazos estaban en la orden del día, muchos obreros yacían en el suelo doloridos por las palizas.


Los trabajadores corrían por todas las esquinas posibles para escapar del asedio de los temibles cuerpos de seguridad represores, en esos tiempos de dictadura venida a menos. Estaban acorralados. Fueron numerosos los heridos, que por miedo a curar sus heridas en los hospitales y evitar represalias de las autoridades, las curaron en casas particulares de manera clandestina.


Mi abuelo estaba cansado de tanto correr, se había escondido entre los árboles del cantón, el barullo y el alboroto creaba en esos momentos la imagen del caos en Ferrol. Tenía miedo, eran numerosos los policías que corrían detrás de los trabajadores ensañándose con ellos a golpes con sus porras. Había recibido un pelotazo en una pierna, no podía caminar sin tener que soportar un enorme dolor. Quería refugiarse en casa de mi madre, que por aquellos tiempos vivía en la Travesía de San Luís, justo enfrente de batallones. Como pudo fue evitando a los policías que al verlo tendido lo aporreaban sin miramiento alguno. Logró a duras penas llegar a casa de mi madre, malherido y atemorizado por lo que acababa de vivir.


Era El Ferrol del Caudillo de mil novecientos setenta y dos. El diez de marzo, al día siguiente, los trabajadores de los astilleros demostrarían un espíritu de unión obrera, que sería el ejemplo para que en muchas localidades de Galicia y España se alzasen a reivindicar sus intereses.


Decidieron agruparse enfrente las puertas del astillero a primeras horas de la mañana, para protestar y reivindicar la represión sufrida el día anterior. Decidieron hacer paro general ese desgraciado día 10 de marzo. Como el gobierno no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de situaciones en el país, enviaron a Ferrol mayor presencia policial.


Los obreros sólo deseaban manifestar un trato digno, el derecho a ser escuchados en negociaciones futuras, y no ser reprimidos por la fuerza bruta que demostraba la policía por aquellos tiempos. Pero cuando comenzaron su recorrido por las calles, las fuerzas de seguridad del estado dictatorial ya los estaban esperando. Eran unas cuatro mil personas, unidas para reivindicar sus derechos, pero no los escucharon. La policía recibió la orden de cargar contra la multitud, cuando esta iniciaba su recorrido por As Pías en dirección a Caranza. Los obreros en vez de acobardarse y huir como el día anterior, se enfrentaron valientemente a las fuerzas de seguridad, cargados con palos y piedras, decididos de una vez por todas a luchar unidos. Pero la policía disparó de manera indiscriminada, con sus zetas ametralladoras y sus pistolas, logrando alcanzar a numerosos heridos. A los desgraciados diez minutos ya había un muerto. Y otro más poco después. Sus propios compañeros los trasladaron al hospital, mientras otros, ya enloquecidos por la noticia que corrió como un rayo de la muerte de un compañero, lograron acobardar a los sorprendidos policías que nada pudieron hacer para reducirlos que escapar del lugar.


Se crearon piquetes informativos para que los vecinos de Ferrol y su comarca supiesen lo que acababa de acontecer. Ese día hubo cientos de contusionados, más de una docena de heridos de bala, entre ellos dos muertos. A todo juicio racional le queda manifiesta la desproporcionada actuación de las fuerzas de seguridad del régimen de Franco. Ese día Ferrol era una ciudad asustada. Las personas se encerraban en sus casas, temerosas de futuras detenciones que finalmente se produjeron.


Mi abuelo, maltrecho de las heridas del día anterior, no pudo acudir a la manifestación de ese desgraciado diez de marzo. Se quedo en casa, pendiente de la radio y el televisor. Salvando a lo mejor su vida, por que si no llega a estar maltrecho, a buen seguro que estaría ahí al pie del cañón. Eso sí, acudió al entierro de los compañeros fallecidos, donde según contaba había cientos de policías custodiando el mismo. Como si eso fuese una nueva manifestación que el régimen franquista entendía como peligrosa. Eran los últimos avatares de la dictadura. Pero fueron momentos duros, llenos de dolor, pero de una unión obrera ejemplar en cualquier lugar del mundo. Los fallecidos se convirtieron en una especie de mártires de su Lucha.


Hoy en día, en el barrio de Recimil (Ferrol), se puede observar el Monumento al Obrero. Cada diez de marzo, se celebra una manifestación en recuerdo de aquellos hechos. Cada año se realiza un sincero homenaje a ese espíritu de unión obrera del año setenta y dos.


Mi abuelo me contagió ese espíritu de lucha que debemos de tener todos para reivindicar nuestros derechos de una manera civilizada. Nunca debemos de acobardarnos a exigir nuestros derechos y libertades…

En memoria de Daniel Niebla y Amador Rey….

…y de mi abuelo “El Patrón”…

March 09

DANZANDO POR EL MUNDO

 Una noche danzando por el mundo me encontré una dama. Tenía los ojos verdes y el pelo azabache. Su mirada era ardiente, le otorgaba un aire celestial, era bella hasta su aura. Cruzaba en la oscuridad un puente muy misterioso. Caminaba entre la niebla ensimismada. Sus pasos, eran la danza del silencio. Era una criatura que hechizaba, yo la vi. Eran las tres de la madrugada de un martes siete de abril. Me dirigía hacia mi casa al terminar mi jornada, aunque yo no trabajo. Mi único empleo es dar vueltas por las distintas empresas de la ciudad. Me las conozco todas. Soy un parado. Todos los días cruzo la ciudad de cabo a rabo, para ver si alguien se digna a proporcionarme un “curro” digno. Por lo tanto vuelvo a casa, a las tantas. Pues iba yo por el gran puente que cruza la ría, de mil cuatrocientos metros de longitud, en una noche fría. Cerradísima de niebla, cargadísima de silencio, agotadora para mí. Mi balance del día era desastroso. El estado de ánimo que tenía en esos momentos mejor no comentarlo. En fin, que no era mi día. En cambio sí fue mi noche. Vi a esa dama, escuché su danza, se acercaba. Retumbaban todas las venas de mi cuerpo. La sombra se fue difuminando y pude distinguir su figura. Lo que retumbó fue mi corazón.

Nos cruzamos. Ella, me miró directamente a los ojos.  Recta, decidida, apasionada. Continuó su camino. De repente, con un impresionante giro de cabeza logró cambiar de hombro su larga melena. Yo me quedé abstraído, atontado con su aroma y volviendo mi cabeza para seguirla con la mirada.

Por lo que parece no desperté en ella ningún tipo de interés.

                                                        ¡Creída! ¡Coño!

 

El Cubo Mágico

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